
San Antonino y la dura realidad de un amigo difunto
Todos los fieles estamos obligados, en virtud de la caridad, a socorrer con sufragios a los difuntos; pero lo están mucho más los parientes y aquellos que a los difuntos deben honores, riquezas y cualesquiera otros bienes.
— Carlos Rosignoli SJ
La aparición del caballero negligente en su caridad
San Antonino, el ilustre arzobispo de Florencia, relata que había muerto un piadoso caballero, amigo de él. Varias misas fueron sufragadas por su alma. El Santo se afligió mucho cuando, después de un prolongado lapso, el alma del fallecido se le apareció, sufriendo muchísimo.
—Oh, mi querido amigo —exclamó el arzobispo—, ¿todavía estás en el Purgatorio, tú, que llevaste tan piadosa y devota vida?
El pobre sufriente contestó:
—Así es, y tendré que permanecer aquí por un largo tiempo, pues en mi vida en la tierra fui negligente en ofrecer sufragios por las almas del Purgatorio. Ahora, Dios, por su justo juicio, aplica los sufragios que debían ser aplicados por mí, en favor de aquellos …