San Agatón, el papa nº 79 - el 10 de enero diócesistv fecha: 10 de enero
†: 681 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Roma, en la basílica de San Pedro, san Agatón, papa, que mantuvo íntegra la fe ante los errores de los monotelitas y promovió la unidad de la Iglesia con la convocatoria de diversos sínodos.
refieren a este santo: San Benedicto II, San León II, San Teodoro de Canterbury, San Wilfrido de York
San Agatón, que había nacido en Sicilia de una familia griega, se distinguió por la bondad y dulzura de su temperamento. Antes de hacerse monje en Palermo, había estado casado y dedicado a los negocios, durante veinte años. Era tesorero de la Iglesia en Roma, cuando sucedió a Dono en el Pontificado, el año 678. Sus tres legados presidieron el sexto Concilio Ecuménico (tercero de Constantinopla) contra la herejía monotelita, que él mismo refutó en una erudita carta, haciendo alusión a la tradición apostólica de la Iglesia de Roma: «Reconoced -decía- que la Iglesia católica es la madre de todas las Iglesias, y que su autoridad proviene de san Pedro, el Príncipe de los Apóstoles, a quien Cristo confió su rebaño y prometió la infalibilidad en la fe». El Concilio de Constantinopla aprobó esta carta como regla de fe, diciendo que «Pedro había hablado por boca de Agatón».
El mismo Pontífice restituyó a san Wilfrido a la diócesis de York y concedió privilegios a muchos monasterios de Inglaterra. La terrible peste que devastó Roma en aquella época parece haber sido la causa, por lo menos indirecta, de su muerte, ocurrida en el 681. San Agatón vivió en un período muy agitado. La razón que alegaba para explicar lo mal que hablaban el griego sus legados al Concilio de Constantinopla, era que no podían aprenderse las gracias del lenguaje durante las incursiones de los bárbaros, pues ya era difícil ganar simplemente el diario sustento con el trabajo manual. Sin embargo -añadía- «preservamos la fe que nuestros padres nos han dejado». Sus legados repetían lo mismo: «Nuestras ciudades han sido devastadas por el furor de los bárbaros. Vivimos en medio de batallas, incursiones y saqueos. Estamos en alarma continua y ganamos el pan con el trabajo de nuestras manos». Agatón murió antes de que terminara el Concilio.
Ver Acta Sanctorum, 10 de enero, y sobre todo Duchesne, Liber Pontificalis, vol. I, pp. 350-358.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
San Agatón, papa - el 10 de enero
fecha de inscripción en el santoral: 10 de enero
†: 681 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Roma, en la basílica de San Pedro, san Agatón, papa, que mantuvo íntegra la fe ante los errores de los monotelitas y promovió la unidad de la Iglesia con la convocatoria de diversos sínodos.
refieren a este santo: San Benedicto II, San León II, San Teodoro de Canterbury, San Wilfrido de York
San Agatón, que había nacido en Sicilia de una familia griega, se distinguió por la bondad y dulzura de su temperamento. Antes de hacerse monje en Palermo, había estado casado y dedicado a los negocios, durante veinte años. Era tesorero de la Iglesia en Roma, cuando sucedió a Dono en el Pontificado, el año 678. Sus tres legados presidieron el sexto Concilio Ecuménico (tercero de Constantinopla) contra la herejía monotelita, que él mismo refutó en una erudita carta, haciendo alusión a la tradición apostólica de la Iglesia de Roma: «Reconoced -decía- que la Iglesia católica es la madre de todas las Iglesias, y que su autoridad proviene de san Pedro, el Príncipe de los Apóstoles, a quien Cristo confió su rebaño y prometió la infalibilidad en la fe». El Concilio de Constantinopla aprobó esta carta como regla de fe, diciendo que «Pedro había hablado por boca de Agatón».
El mismo Pontífice restituyó a san Wilfrido a la diócesis de York y concedió privilegios a muchos monasterios de Inglaterra. La terrible peste que devastó Roma en aquella época parece haber sido la causa, por lo menos indirecta, de su muerte, ocurrida en el 681. San Agatón vivió en un período muy agitado. La razón que alegaba para explicar lo mal que hablaban el griego sus legados al Concilio de Constantinopla, era que no podían aprenderse las gracias del lenguaje durante las incursiones de los bárbaros, pues ya era difícil ganar simplemente el diario sustento con el trabajo manual. Sin embargo -añadía- «preservamos la fe que nuestros padres nos han dejado». Sus legados repetían lo mismo: «Nuestras ciudades han sido devastadas por el furor de los bárbaros. Vivimos en medio de batallas, incursiones y saqueos. Estamos en alarma continua y ganamos el pan con el trabajo de nuestras manos». Agatón murió antes de que terminara el Concilio.
Ver Acta Sanctorum, 10 de enero, y sobre todo Duchesne, Liber Pontificalis, vol. I, pp. 350-358.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
San Melquíades, papa
En Roma, en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, san Melquíades, papa, oriundo de África. Conoció la paz concedida por el emperador Constantino a la Iglesia, pero víctima de los ataques de los donatistas, se distinguió por sus esfuerzos encaminados a obtener la concordia. († 314)
San Pablo «el ermitaño», monje eremita
En la Tebaida, san Pablo, eremita, uno de los primeros en abrazar la vida monástica. († c. 341)
San Gregorio de Nisa, obispo y confesor
En la ciudad de Nisa, en la región de Capadocia, san Gregorio, obispo, hermano de san Basilio Magno, admirable por su vida y doctrina, que por haber confesado la recta fe fue expulsado de su sede por el emperador arriano Valente. († a. 400)
San Juan de Jerusalén, obispo
En Jerusalén, san Juan, obispo, que en el tiempo de la controversia acerca de la doctrina ortodoxa, trabajó denodadamente en favor de la fe católica y de la paz en la Iglesia. († 417)
* San Petronio de Die, monje y obispo
En la ciudad de Die, en la Galia Vienense, san Petronio, obispo, que antes había abrazado la vida monástica en la isla de Lérins. († d. 463)
San Marciano, presbítero
En Constantinopla, san Marciano, presbítero, que se distinguió por la ornamentación realizada en las iglesias y por la ayuda prestada a los pobres. († 471)
* San Valerio, eremita (1 coms.)
En la ciudad de Limoges, en Aquitania, san Valerio, que llevó vida solitaria. († s. VI)
* San Domiciano de Melitene, obispo
En Melitene, en la antigua Armenia, san Domiciano, obispo, que trabajó con ahínco en la conversión de los persas. († c. 602)
San Agatón, papa (1 coms.)
En Roma, en la basílica de San Pedro, san Agatón, papa, que mantuvo íntegra la fe ante los errores de los monotelitas y promovió la unidad de la Iglesia con la convocatoria de diversos sínodos. († 681)
* San Arconte de Viviers, obispo
En la región de Viviers, cerca del Ródano, san Arconte, obispo. († c. 745)
San Pedro Urséolo, monje eremita
En el monasterio de Cuixá, en los Pirineos, san Pedro Urseolo, que, siendo dux de Venecia, se hizo monje. Se distinguió por su piedad y austeridad, y vivió en un eremitorio cercano al monasterio. († c. 987)
Beato Benincasa, abad
En el monasterio de Cava dei Tirreni, en la Campania, beato Benincasa, abad, que envió cien monjes a Sicilia para restaurar la vida regular en el abandonado cenobio de Monreale. († 1194)
San Guillermo de Bourges, abad y obispo
En la ciudad de Bourges, en Aquitania, san Guillermo, obispo, que, deseoso de soledad y meditación, se hizo monje en el monasterio cisterciense de Pontigny. Más tarde fue abad de Chaalis y, posteriormente, elegido obispo de Bourges. Mantuvo siempre la austeridad de la vida monástica y se distinguió por su amor a los clérigos, a los cautivos y a los desgraciados. († 1209)
Beato Gonzalo de Amarante, religioso presbítero
En Amarante, lugar de Portugal, beato Gonzalo, presbítero de Braga, quien, después de una larga peregrinación por Tierra Santa, ingresó en la Orden de Predicadores, retirándose a una ermita, ayudó a construir un puente y trabajó en bien de los habitantes del lugar con su oración y predicación. († c. 1259)
Beato Gregorio X, papa
En la ciudad de Arezzo, en la Toscana, beato Gregorio X, papa, que, siendo arcediano de Lieja, fue elevado a la sede de Pedro, desde donde favoreció enérgicamente la comunión con los griegos; para aplacar las divergencias entre los cristianos y recuperar Tierra Santa, convocó el Concilio II de Lyon. († 1276)
Beato Egidio Di Bello, religioso
En Laurenzana, en la Lucania, beato Egidio (Bernardino) Di Bello, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que vivió retirado en una cueva. († 1518)
Beata Ana de los Ángeles Monteagudo, virgen (2 coms.)
En Arequipa, en Perú, beata Ana de los Ángeles Monteagudo, virgen de la Orden de Predicadores, que con sus dones de consejo y profecía se dedicó a promover el bien de toda la ciudad. († 1686)
Beata Adèle de Batz de Trenquelléon, fundadora
En Agen, Francia, beata Adèle de Batz de Trenquelléon, en religión María de la Concepción, cofundadora de las Hijas de María Inmaculada (Religiosas Marianistas), junto al beato Chaminade. († 1828)
Beato Mamerto Esquiú, religioso y obispo (2 coms.)
En El Suncho, provincia de Córdoba, Argentina, beato Mamerto Esquiú, religioso franciscano y obispo, que contribuyó grandemente a la cnvivencia y a la concordia social, como celoso anunciador de la Palabra de Dios. († 1883)
Santa Francisca de Sales Aviat, virgen y fundadora
En Perugia, en Italia, santa Francisca de Sales (Leonia) Aviat, virgen, que se dedicó, con maternal amor y solicitud, a la educación de las jóvenes e instituyó las Oblatas de San Francisco de Sales. († 1914)
Beata María Dolores Rodríguez Sopeña, virgen y fundadora
En Madrid, capital de España, beata María Dolores Rodríguez Sopeña, virgen, la cual dio muestras de su gran caridad cristiana al dedicarse a los más abandonados de la sociedad de su tiempo, acercándose especialmente a los suburbios de las mayores ciudades, y para anunciar el Evangelio y atender a los pobres y a los obreros en cuestiones sociales, fundó el Instituto de la Damas Catequistas y la Obra de la Doctrina. († 1918)
Beato Pascual Roda Díaz, mártir (1 coms.)
En el Campamento de Viator, Provincia de Almería, España, beato Pascual Roda Díaz, mártir, seglar de la Adoración Nocturna que selló con su martirio la perfecta unión con Cristo, en la persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1937)