Dos dogmas que no se tocan
En el mismo relato oficial conviven dos afirmaciones intocables: que el calendario infantil es sagrado e indiscutible, y que el cáncer es solo una enfermedad que se combate con el protocolo de siempre. Quienes se salen del guion —médicos, investigadores o familias— no encuentran debate: encuentran cierre de canal, desprestigio y la etiqueta de peligro público.
Sobre las vacunas en la infancia, la pregunta incómoda no es “obedecer o no”. Es por qué cualquier señal de daño, cualquier alternativa de calendario o cualquier duda sobre acumulación de dosis se trata como herejía en lugar de como dato a investigar. Un mercado de por vida no tolera al paciente que cuestiona el ritmo.
Sobre el cáncer, otra corriente sostiene que el enfoque dominante —tumores como enemigo único— deja fuera causas metabólicas, tóxicas e inflamatorias que no generan el mismo margen terapéutico. Cuestionar el marco no es negar el sufrimiento; es preguntar a quién beneficia que solo exista un camino facturable.
Cuando dos pilares del sistema sanitario se defienden con censura en vez de con evidencia abierta, el problema ya no es solo clínico. Es de poder.
Observa qué temas médicos se pueden discutir… y cuáles se archivan en el instante en que tocan el protocolo infantil o la industria oncológica.
Estoy de acuerdo con la madre y lo del cáncer, al final la medicina homeopática si cura, claro si el tratante sabe lo que hace. Los matasanos son representantes de los laboratorios y deben vender, al fin de año les dan viajes pagados, y jugosas comisiones, sobretodo las quimios ganan muchísimo!