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Este libro que escribimos se presenta como ficción.
No porque lo narrado sea necesariamente falso, sino porque no puedo —ni quiero— imponerte una etiqueta definitiva. Aquí hay escenas inventadas, diálogos reconstruidos y personajes compuestos; y también hay textos antiguos reales, huellas históricas y preguntas que siguen abiertas, formando un libro intrigante que es fácil de leer y del cual también se aprenda cosas.
La frontera entre “verdad” y “relato” no la cierro yo: la cierras tú, con tu propia prudencia.
Si algo sostiene estas páginas, no es una sentencia, sino una disciplina: aprender a distinguir entre una pista y una ilusión, entre una intuición y un método, entre una palabra y una herida.

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